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TagsAncient Egypt Pharaoh Temple Osiris Akhenaten
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Page 151

aislamiento, estaban antaño rodeados de almacenes parecidos, de talleres, de

viviendas para los sacerdotes.

Pese a su degradación, el Ramesseum ha conseguido legarnos esta visión de

un mundo donde trabajo cotidiano y actividad religiosa no estaban separados.

Medinet Habu,

la última victoria de Ramsés





A un kilómetro y medio aproximadamente al sudoeste del Ramesseum, en la

parte sur de Tebas-oeste, en el límite de los cultivos, se yergue la imponente masa

de Medinet Habu, el más vasto de todos los templos funerarios egipcios. Ramsés III,

el último de los grandes faraones (1184-1153) lo hizo construir en el emplazamiento

de anteriores edificios. Este «palacio de los millones de años» es una apología del

poderío real, muy necesaria en una época en la que Egipto se veía amenazado por

una doble oleada de invasores, los libios y los pueblos del mar.

A finales de la época ramésida, Medinet Habu era el centro religioso y

económico de la orilla izquierda tebana. Se trataba de un verdadero templo-ciudad,

que incluía almacenes, talleres, locales administrativos, viviendas para los

sacerdotes y los funcionarios. El visir tenía allí unos despachos y presidía un

tribunal de justicia. El distrito tenía su propio alcalde y su propia policía.

Aunque Amón era el dios principal del templo, no se olvidaba el culto de

Osiris, que el pueblo llevaba en el corazón. Como vemos, no es un lugar banal.

Medinet Habu se edificó sobre un territorio sagrado entre todos, «la colina de

Djeme», donde fueron enterrados los ocho dioses primordiales que existieron antes

de la creación del mundo, en forma de cuatro parejas de ranas y serpientes.

Después de haber preparado las condiciones necesarias para la vida en la tierra,

durante una edad de oro en la que «la espina no pinchaba, donde no había

cocodrilo raptor, no había serpiente que mordiera», fueron a gozar un descanso

eterno a ese lugar de Tebas donde, por lo demás, un túmulo señalaba su tumba

dentro del templo. Se habían reunido en torno al Padre, Kematev, «el creador del

instante justo». El dios Amón los consideró sus antepasados. Cada diez días, les

visitaba, celebrando la memoria de esas potencias elementales sin las cuales el

mundo no existiría. Constructor de seres, padre de los dioses y las diosas, Amón era

el principal usuario de esas ocho energías. Además, ese viaje regular entre Karnak y

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