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Document Text Contents
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COLECCION FILOSOFICA

MARXISMO
E HISTORIA

SOCIAL

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Rector de la Universidad Autónoma de Puebla
Lic. Alfonso Vélez Pliegn
Secretario General
Dr. Daniel Cazés Menache
J.Jirtctor del instituto áe C.."iencfar
Dr. José de Jesús Pérez Romero
�.-"'oordinador de la escuela de Filosof(a y Letras
Dr. Adrián Gimate Welsh
-
JJirector del Departamento de Publicaciones
José Ramón Enríauez

Colección Filosófica
dirigida por
Osear del Barco

Primera Edición
Marxismo e historia social
Eric J. Hobsbawm

�(/néversíáad Autónoma de Puebla
Calle 4 Sur No. 104
Puebla, Pue., México

Impresa y hecho en México

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cos centrales, por un presidente o un primer ministro con uno o dos
consejeros privados, y aun por un entrelazamiento menos identificable
de técnicos y funcionarios ejecutivos) en condiciones que ni siquiera es­
tán formalmente expuestas al control político.

El mecanismo clásico de la política "real" del siglo XIX cada vez
gira más en el vacío : los artículos principales de los periódicos "que pe­
san" los leen diputados del montón, cuyas opiniones importan poco, o
ministros que no importan mucho ; y sus respectivos discursos son ape­
nas un poco menos interesantes que sus trámites o diligencias privados
con los que en realidad toman las decisiones, suponiendo que puedan
ser identificados. Los mismos miembros del establishment (o clase do­
minante) pue den, en tanto que individuos, tener un poco más de in­
fluencia que los accionistas en cuyo interés se conducen todavía (por
lo menos en la teoría legal) las empresas capitalistas. Los miembros ver­
daderos de la clase dominante son hoy cada vez menos las personas y
más las organizaciones; no son los Krupps ni los Rockefeller, sino la
General Motors y la IBM, para no mencionar la organización del gobier­
no y del sector público, con quienes fácilmente truecan ejecutivos. l 2

Las dimensiones políticas de l a conciencia de clase y e n especial la
relación entre los miembros de la clase y las organizaciones están cam­
biando por eso rápidamente . Los problemas de las relaciones del prole­
tariado con los estados de la clase obrera, e incluso con las organizacio­
nes de gran escala de su movimiento en el sistema capitalista, son sólo
un caso especial dentro de una situación más general que ha transfor­
mado los imperativos de la tecnología y la administración pública o cor­
porativa en gran escala. Esta observación no debería servir solamente
para marcar puntos en los debates. Nada es más fútil e indignante que
oír a las sartenes decir que los cazos manchan, pensando que con eso se
resuelven los problemas. Sigue· habiendo clases, y siguen teniendo con­
ciencia. Es la expresión práctica de esa conciencia lo que hoy se debate,
dados los cambios del contexto histórico. Pero en este punto, el histo­
riador puede quedarse callado, y no sin satisfacción. Su interés profesio-

12 En un nivel inferior parece también que las diferencias entre los sistemas for­
malmente liberales y democráticos 'Y otros sistemas políticos estan reducién­
dose mucho. Ni el presidente De Gaune, cuya constitución lo defendía de
una intervención electoral o parlamentaria excesiva, ni el presidente Johnson,
que no tenía tanta defensa, fueron afectados mayormente por las presiones
que se reconocen en los sistemas liberales. Ambos eran vulnerables solamente
a presiones de índole muy distinta, que operaban fuera de esos sistemas.

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principal propósito de sus argumentos no parece ser, como apunta, con­
vertir el marxismo "por primera vez en una auténtica teoría universal"
o "separar lo duradero -lo 'científico' ( . . . ) - de la ideología, en nues­
tra Weltanschauung" (p. 363), sino simplemente cambiar de ideología y
socavar la "ciencia".

Esto deja al marxismo a merced del nacionalismo. En esto, desgra·
ciadamente, Naim no está solo actualmente, en particular en aquellos
países en los que los problemas relacionados con el tema nacionalista
dominan el debate político. Como ha puesto de relieve Maxime Rodin·
son acerca del Oriente Medio árabe: "Por una parte el nacionalismo pu­
ro utilizaba justificaciones de carácter marxista y reclutaba propagandis·
tas formados en el marxismo ( ... ) Por otro lado el izquierdismo interna-
cional ( . . . ) denunciaba vigorosamente a los regímenes puramente nacio-
listas ( .. . ), pero no daba menos importancia a la lucha nacional. El ar-
gumento sofístico para justificar esto . era postular la fidelidad intransi·
gente de "las masas" a la causa nacionalista en sus formas más extremas
( .. . ) Se situaba la revolución social en una óptica en último término na­
cionalista. De ahí que corra el riesgo de quedar subordinada al nacio­
nalismo" .20 No se necesita ser un luxemburguista para reconocer los
peligros de un marxismo que se pierda en el nacionalismo. Lenin no ha­
blaba de los flamencos o los bretones, sino de lo que él veía como el ca­
so más claro de nacionalismo antimperialista "progresivo" y "revolucio­
nario", cuando advirtió a Zinoviev y a sus colegas que querían predicar
"una guerra santa" en el Congreso de Bakú en 1 920: "No pintemos de
rojo el nacionalismo", dijo.21 La advertencia sigue siendo válida.

20 Mlll'ximle et monde musu/11111n, París, 1972, pp. 564·565.
21 M. N. Roy, Memoirs, Bombay, 1964, p. 395.

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Este libro fue impreso en noviembre de 1983 por Editorial Somos
S.A. Avda. Copilco 339, Col. Copilco Universidad, México, D.F.
c&lli,o PostAl 04360_ Tek 658 64 65_v 658 11 32_ .Se iml!riJnjero_n

2000 ejemplares.

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M A R X ISM O E : IJSTOR I A SOC IAL. Eric llobsbawm

l .os r r�1b.1 j os de Er it Hobsh,I W II l, " po pu l .1 r " h iswri ,1dor
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in t<.: rl's.tdos <.: 11 los probk·m .1s S< Kiopol í r ims . ! .a a t ran· iún
d l'i �1 u r or d<.: M ,n:>:it l/10 e hi.rt OI'itJ \IJá,¡/ r�1d ica cn la novclhtd
de sus <.:nfoqucs. as í co mo <.:n la dc st r<:Z<l con qu<: a rtin t la
los ,1 nú l i s is d<: l as s ine ron í ,t s co 1 1 la s <.:xpl icacion<:s d<: los
mov i m i<: 11 ws y ru p r u ras socia l<:s .

E l pcr f i l i nr<:l<.:ctll <l i d c H obsh<I W tn c s d d<:tcr m i n,l do po r
dos c i rcu nsranc i ,ts : su wndici<ín dc ma rx isr �1 dc rclcv <t tKia
y -;u wnscw<:rKia c n t• l oficio de h i s tori ,1dor . Su obra, <.:otn·
pc m:r r,¡d,t con los i n tcrl'st's dt· I <IS clast·s s uba lu.:rn,l s, nos
mucs tr .t l a otr�t h i sto r i a dd ca p i t .d is mo; la dc los hu m i l l .1
dos y ofe nd idos .

COLECCI ON FI LOSOFICA

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