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Portada
Dedicatoria
Contenido
Prólogo
Introducción
1. Recursos para consumar la obra inconclusa de nuestro Señor
2. Reemplazan al traidor
3. El bautismo en el Espíritu Santo
4. El primer sermón cristiano— Primera parte. Introducción: Explicación de Pentecostés
5. El primer sermón cristiano—Segunda parte. Tema: Proclamación del Señor resucitado
6. El primer sermón cristiano—Tercera parte. Llamamiento y resultados
7. La primera comunidad cristiana
8. Un milagro para confirmar la Palabra
9. El poderoso sermón de Pedro—Primera parte. Pedro predica a Cristo
10. El poderoso sermón de Pedro—Segunda parte. La necesidad de arrepentimiento
11. Cómo manejar la persecución
12. Los pecados de los santos
13. El patrón de la iglesia primitiva para la evangelización
14. Organización espiritual
15. El hombre con rostro de ángel
16. En defensa de la ley
17. El primer mártir cristiano
18. La iglesia perseguida se extiende
19. La fe que no salva
20. La fe que salva
21. Vida transformada
22. Señales de un ministerio personal eficaz
23. Se extiende la salvación
24. La iglesia gentil
25. La locura de pelear contra Dios
26. El carácter de una iglesia eficaz
27. Pablo predica a Jesús
28. El evangelio inquietante
29. Las cualidades de un siervo eficaz de Jesucristo
30. El concilio de Jerusalén: ¿Es la salvación por ley o por gracia?
31. Evangelización a la manera correcta
32. Descripción de dos mujeres
33. Cómo convertir la persecución en producción
34. Los hombres que trastornaron el mundo
35. Cómo conocer al Dios no conocido
36. Ánimo para los siervos de Dios
37. Ruptura con el pasado
38. La poderosa Palabra
39. El alboroto en Éfeso
40. Por amor a la iglesia
41. La visión de Pablo acerca del ministerio
42. Un encargo a los líderes de la Iglesia del Nuevo Testamento
43. El valor de la convicción
44. La llegada de Pablo a Jerusalén
45. El arresto de Pablo
46. Pablo ante el concilio
47. Protección providencial
48. Pablo bajo juicio, fase uno: ante Félix
49. Pablo bajo juicio, fase dos: ante Festo
50. Pablo bajo juicio, fase tres: ante Agripa
51. Viaje de Pablo a Roma—Primera parte , Tormenta y naufragio
52. Viaje de Pablo a Roma—Segunda parte. . La última fase: de Malta a Roma
53. La historia sin final
Bibliografía
Índice de palabras griegas
Índice de temas
Créditos
Editorial Portavoz
                        
Document Text Contents
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[reimpresión; Edinburgh: Banner of Truth], 1982.)

Una tentación especial enfrentada por los oyentes judíos de Pablo y Bernabé fue volver a caer en el legalismo. Muchos
que intelectualmente estaban convencidos de que el evangelio era cierto no llegaron a la fe salvadora, porque no
pudieron abandonar su sistema tradicional de justicia por obras. Enfrentaron y sucumbieron a presiones sociales y
culturales, y sostuvieron el legalismo y el ritualismo, retirándose finalmente del mensaje de gracia.

El libro de Hebreos contiene varios pasajes de advertencia dirigidos a personas en esa peligrosa posición. Se resumen
en el capítulo 10: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma. Pero nosotros no somos de los que
retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (vv. 38-39).

Pablo dirigió la siguiente advertencia a aquellos gálatas que intentaban ser justificados por medio de la ley: “De Cristo
os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gá. 5:4). Guardar la ley y la fe en Jesucristo
son formas mutuamente excluyentes de buscar salvación. A los romanos les escribió: “Y si por gracia, ya no es por
obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”
(Ro. 11:6). Quienes buscan salvación por medio de obras de justicia pierden el derecho a la gracia de Dios y a Jesucristo,
y están condenados eternamente.


ESTABAN PRESENTES


. (13:44)


El interés mostrado por los oyentes de Pablo era algo constante. Ellos no eran como muchos que tan solo
momentáneamente profesan interés en el evangelio. regresaron, esperando ansiosamente el
mensaje de Pablo. Y debido al contagioso entusiasmo que expresaban,

proclamada por Pablo y Bernabé.


RESPUESTA POSTERIOR



(13:45-49)


Después de la respuesta positiva inicial al sermón de Pablo, la posterior reacción se dividió por líneas raciales. La
respuesta de los judíos fue negativa y, la de los gentiles, fue positiva.


RESPUESTA NEGATIVA



(13:45-47)


En un asombroso cambio total del día de reposo anterior,
¿Qué ocasionó su vehemente reacción opuesta? Realmente fue el prejuicio; les molestó que la salvación se pusiera a
disposición de judíos y gentiles por igual. La actitud del profeta Jonás es el caso clásico que ilustra tal actitud
regionalista. Cuando lo enviaron a predicar a los gentiles en Nínive, él huyó rápidamente en dirección opuesta porque
temió que los ninivitas se arrepintieran y se volvieran a Dios. Y cuando la ciudad se arrepintió, Jonás se enojó tanto que

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deseó morir (Jon. 4:1-3).

Nada enfurecía tanto a como la idea de que las bendiciones de la salvación pudieran extenderse a los
despreciados gentiles. Dicho pensamiento hizo que llenaran como había ocurrido antes en el concilio (Hch.
5:17). No solo eso, sino que los motivó a actuar. El
tiempo imperfecto de antilegō ( ) indica que se dedicaron a hablar continuamente contra el mensaje de
Pablo, tratando de refutar al apóstol.

No contentos con trabarse en un furioso debate con Pablo, sus oponentes estuvieron (cp. Hch. 18:6). Al
hablar mal de Dios y de Cristo, estos judíos rechazaron la única esperanza de salvación y dejaron en claro que su
profesión inicial de fe (ver el anterior análisis del v. 13) resultó ser superficial y falsa. Ningún verdadero creyente podría
ser culpable alguna vez de semejante blasfemia (cp. 1 Co. 12:3). El prejuicio ciego e irrazonable contra los gentiles les
costó su Mesías, su reino y el cielo.

Lejos de amedrentarse, hablaron en respuesta. A medida que se intensificaba la furia
de la multitud, también aumentaba el valor de los misioneros. Entonces estos llevaron el debate a su fin, informando a
sus adversarios: El plan divino
era que la salvación se ofreciera primero al pueblo judío. En Mateo 15:24 Jesús respondió a la mujer cananea, diciendo:
“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Cuando envió a los doce a predicar, Jesús les ordenó:
“Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de
Israel” (Mt. 10:5-6). Cristo resucitado ordenó que “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de
pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc. 24:47). Pedro les dijo a los judíos en Jerusalén: “A
vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad” (Hch. 3:26). Pablo escribiría más tarde que el evangelio “es poder de Dios para salvación a todo
aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16). Aunque conocido como el apóstol a los gentiles
(Ro. 11:13), sin embargo, Pablo dio gran prioridad a la evangelización de los judíos. Normalmente comenzaba a
evangelizar en ciudades gentiles predicando a los judíos, reuniendo así algunos creyentes para que le ayudaran en el
testimonio a los gentiles.

Por desgracia, los oyentes de Pablo prefirieron desechar el evangelio y, al hacerlo, no se consideraron
Dieron el veredicto sobre sí mismos por decisión propia. Después de siglos de esperar al Mesías, su propio

pueblo lo rechazó junto con la salvación que Él traía (Jn. 1:11). Pagarían un precio terrible por su orgullo nacionalista y
su amor a la justicia propia.

Este pasaje enseña la importante verdad bíblica de la responsabilidad humana. Al igual que todos los que van al
infierno, los judíos incrédulos en Antioquía se consideraron indignos de la vida eterna por su incredulidad. Juan 3:18
afirma: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el
nombre del unigénito Hijo de Dios”. Las personas perecen porque deciden rechazar y negarse a creer, y su decisión los
deja fuera de la vida eterna. Jesús les dijo una vez a los judíos incrédulos: “No queréis venir a mí para que tengáis vida”
(Jn. 5:40). Más tarde declaró: “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Jn. 8:24). Condenación es el
resultado de rechazo e incredulidad, por lo cual cada alma sin fe es totalmente responsable. Esa verdad de la voluntad
personal debe mantenerse a la par con la verdad igualmente bíblica de que Dios es absolutamente soberano en cuanto a
la salvación, y que salva a quien desea salvar (ver el análisis que sigue del v. 48). La resultante antinomia (aparente
incompatibilidad entre dos verdades innegables) está más allá de la capacidad de nuestras mentes finitas para resolver las
cosas. J. I. Packer escribe:


La antinomia particular que nos interesa aquí es la aparente oposición entre la soberanía divina y la
responsabilidad humana, o (dicho de modo más bíblico) entre lo que Dios hace como Rey y lo que hace como
Juez. Las Escrituras enseñan que como Rey, Él ordena y controla todas las cosas, las acciones humanas entre
ellas, de acuerdo con su propio propósito eterno. La Biblia también enseña que como Juez, Él hace responsable a
cada ser humano por las decisiones que toma y los cursos de acción que persigue. Por tanto, los oyentes del
evangelio son responsables por sus reacciones; si rechazan las buenas nuevas son culpables de incredulidad. […]


El hombre sin Cristo es un pecador culpable, responsable ante Dios por romper su ley.

Por eso es que necesita el evangelio. Cuando lo oye, es responsable por la decisión que
tome al respecto. Se pone ante él una decisión entre la vida y la muerte, la más
trascendental que cualquier hombre puede enfrentar… Cuando predicamos las promesas y
las invitaciones del evangelio, y ofrecemos a Cristo a los pecadores, tanto a hombres como

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