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TitleLos Hombres (a Veces Por Desgracia) Siempre Vuelven - Penelope Parker
Tags Philosophical Science Truth Emma (Novel)
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Page 2

PRÓLOGO

La primera vez que vi a Penélope Parker estaba sentada sobre un taburete en
un mercadillo de Shanghái. Rodeada de una nube de vendedores chinos,
regateaba animadamente sobre el precio de un par de qipaos de seda. Nos
presentamos en seguida, dos mujeres occidentales prácticamente de la misma
edad. Más tarde supe que estaba en China recopilando información para un
libro, el mismo que ahora tengo la satisfacción de presentar.

Poco después de ese primer encuentro me tropecé con ella en París. Todavía
recuerdo el enorme esfuerzo de cortesía que tuve que hacer para aceptar su
invitación de visitarla a su hotel. Mi marido acababa de abandonarme tras seis
años de matrimonio y aunque acudí a la cita decidida a no hablar de ello,
aquella noche terminé confesándome con ella. Le hablé de mi frustración por
no haber tenido el valor de decirle a mi marido todo lo que pensaba de él. Le
dije también que seguía queriéndole y que no sabía cómo podría volver a ser
feliz. “No te preocupes —me dijo mientras revolvía un Martini con una rama de
eneldo— estoy segura de que volverás a verlo. Volverá a ti aunque no quieras;
lo hará aunque para entonces ya no te importe. Créeme, Claire, los hombres
—a veces, por desgracia— siempre vuelven.”

En aquel momento sonreí, pedí otro Martini y, por supuesto, no la creí.

Meses después de aquella conversación me vi obligada a viajar unas semanas
a Brasil. Al marcharme dejé grabado en el contestador del teléfono de mi casa
un mensaje con la dirección de mi hotel en Rio de Janeiro, aunque mi familia y
mis amigos sabían perfectamente donde localizarme. Ahora que todo ha
pasado no me importa reconocer porque lo hice. Sabía que mi estancia en
Brasil coincidiría con mi cumpleaños, el número 33, el primero sin mi marido a
mi lado; y por algún motivo, en aquel instante, recordé las palabras de
Penélope. No sabría explicar porque, pero de pronto tuve claro que si había un
momento para que él reapareciese, ese momento era aquél.

Por esa razón, cuando en la madrugada de mi cumpleaños regresé al hotel y vi
una luz roja parpadear en el teléfono pensé que estaba soñando. Sentada
sobre la cama, a miles de kilómetros de casa, tuve por fin la confirmación de lo
que había escuchado en París. Tras once meses de silencio allí estaba él,
desesperado, explicándome desde el contestador cuánto me echaba de menos
y cuánto deseaba volver a verme. Cuando el mensaje terminó colgué el
teléfono, llamé al servicio de habitaciones y encargué una botella de
champagne helado. Después, me eché sobre la cama, levanté el auricular y
llamé a Penélope Parker.

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Si echa la vista atrás verá que en el capítulo III de este libro analizamos a dos
tipos de mujeres fundamentales para cualquier chica Parker: las mujeres para
inspirarse y las mujeres de las que se debe huir. Esta distinción, válida a lo
largo de las distintas etapas de la vida, se hace especialmente importante en
los primeros meses posteriores a la ruptura. Es entonces cuando la mujer
abandonada se hace perfectamente consciente de las cualidades y los defectos
de las personas que la rodean y de su capacidad para ayudarla a superar su
dolor.

Mi primera medicina tras una ruptura es la compañía de las mujeres de mi
familia y el respaldo de mis amigas mas intimas. La elección de las primeras es
cosa de la naturaleza, la de las últimas, sin embargo, es el resultado de otra
importante clasificación que toda chica Parker debe aprender a realizar: la que
diferencia entre amigas que estorban y amigas que ayudan.

En este, como en otros tantos asuntos, no hay recetas mágicas que nos
permitan tomar la decisión correcta. Al hablar de estos dos tipos de amistades
no pretendo sugerir que se haga de la ruptura una suerte de rito de iniciación,
de forma que algunas candidatas sean coronadas y otras arrojadas a los
leones. Una amiga que estorba en la ruptura puede ayudar en la felicidad. Y en
el extremo opuesto, hay personas que sacan lo mejor de sí mismas a la hora de
ayudar a los demás y, sin embargo, se muestran débiles o torpes cuando las
dificultades desaparecen.

Lo cierto, sin embargo, es que una mujer abandonada no puede permitirse el
lujo de rodearse de personas que puedan hacer peligrar su ya de por si frágil
equilibrio. Aunque resulte duro decirlo, no es este el momento de ser delicada,
de ser cortés, dócil y considerada. Una mujer recién abandonada tiene que
manejar su vida con la misma frialdad con la que un equilibrista vigila sus
pasos en la cuerda floja. Su primer deber, su primera tarea, es asegurarse de
que no hay nada a su alrededor que pueda desestabilizarla y hacer que se
derrumbe. Es por ello que resulta tan importante alejar a las amigas que
estorban y acercarse a las amigas que ayudan.

Ninguna mujer necesita un manual de instrucciones para saber que amigas son
un bálsamo y que amigas no los son. Esa amiga que nos hace calmaros y
sentirnos mejor, que nos habla con claridad, pero con dulzura, que insiste en
que normalicemos nuestra vida, pero no nos fuerza a ello, que nos arranca una
sonrisa aun en los momentos más bajos o que nos hace razonar una y otra vez
para desechar la misma idea fija, esa es la amiga que ayuda. Por el contrario,
esa otra amiga, también bienintencionada, pero torpe o con poca capacidad de
empatía, esa amiga que nos regaña, se impacienta, es dura o desconsiderada,
esa es la amiga que estorba.

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